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La Tortuga y la Liebre    
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La Tortuga y la Liebre

 

 

Tortoise and Hare Racing

 

 

 

 

 

 

 

 

*

Érase una vez, en un prado no muy lejos de aquí, una liebre rebosante de energía y felicidad y una tortuga adormecida.

La feliz liebre se llamaba Noel y la adormecida tortuga se llamaba Archibald. A la tortuga Archibald le encantaba sentarse y comerse la cena lentamente, mientras que la liebre Noel devoraba la cena y se ponía o corretear alrededor de Archibald hasta marearse.

Un día, tuvieron una pelea.

—Soy el animal más rápido de todo el mundo —decía Noel—. Puedo correr más rápido que el guepardo más veloz, el canguro más ágil o el conejo más raudo —alardeaba.

—¡Cierra el hocico! —replicó Archibald—. No seas tan creído. Si no llevas más cuidado, acabarás mal parado.

—¿Dónde está mal parado? —preguntó Noel—. ¿Queda muy lejos de aquí?

Exasperado, Archibald puso los ojos en blanco y siguió concentrándose en las deliciosas hojas de lechuga que tenía frente a él.

—Eh, vosotros dos, parad de discutir —dijo un mirlo que pasaba volando.

—No, esto es algo serio —dijo la liebre Noel—. ¡Te demostraré que soy el animal más rápido de todo el mundo!

—Vale —respondió la tortuga Archibald—. ¡Te reto a una carrera!

La liebre Noel comenzó a partirse de la risa.

—Puedes reírte todo lo que quieras  —dijo Archibald—. Le pediré al sabio búho Wallace que organice la carrera.

Wallace, el búho más sabio del campo, organizó la carrera el día siguiente. Todos los animales del campo se pusieron sus mejores galas, y se reunieron para animar a la tortuga y la liebre que ya estaban listas para comenzar la carrera.

—¡Preparados! ¡Listos! ¡Ya! —gritó Wallace—. Y así comenzó la carrera.

Poco a poco, la tortuga Archibald comenzó a dar los primeros pasos, mientras que la liebre Noel salió corriendo hasta perderse de vista en unos instantes. De hecho, corrió tan rápido que cuando se detuvo para echar la vista atrás, no había ni rastro de la tortuga Archibald.

—Madre mía —pensó Noel—. Acabamos de empezar la carrera y ya tengo esto ganado. Hace tanto calor que tengo tiempo de sobra para echarme una siesta bajo la sombra de este árbol. 

Al poco tiempo, la liebre Noel ya estaba en el quinto sueño.

Mientras tanto, la tortuga Archibald avanzaba lentamente, disfrutando del sol que calentaba su caparazón. Paso a paso, seguía avanzando, deteniéndose cada cierto tiempo a reponer energías comiendo alguna hoja de césped que veía por el camino. Siguió avanzando lentamente hasta llegar al arce, cruzó el río, pasó por la caseta de las vacas, incluso alcanzó a la liebre Noel, que roncaba plácidamente debajo de la sombra del árbol. Archibald siguió avanzando lenta, pero constantemente, hasta la meta, donde el sabio búho Wallace estaba esperando junto al resto de los animales.

Todos los animales comenzaron a vitorear a Archibald cuando cruzó la meta.

—¡Enhorabuena! ¡Lo has hecho genial! ¡Eres el ganador!

Los gritos de todos los animales hicieron que la liebre Noel se despertara de un brinco.

—¿Qué? ¿Qué es todo esto? ¿Qué está pasando? ¿Por qué hay tanto jaleo? Seguro que no es nada. Ya va siendo hora de retomar la carrera, no quiero que se me haga tarde para la cena —pensó.

La liebre Noel retomó la carrera colina abajo hacia la meta. Pero cuando llegó, pensó que estaba teniendo una pesadilla al ver a la tortuga Archibald con la medalla de oro alrededor de su cuello.

—¡No es posible! Seguro que ha hecho trampa —lloraba desconsolada la liebre Noel—. ¡Todo el mundo sabe que soy más rápido que él!

—La tortuga Archibald no ha hecho trampas —dijo el sabio búho Wallace—. Ha ganado la carrera justamente. Sin prisas, pero sin pausas, sin rendirse, Archibald llegó a la meta el primero.

La liebre Noel se sentía muy desconsolada y decepcionada. La tortuga Archibald se sintió mal al verla así y trató de animarla.

—No pasa nada, Noel, es solo una carrera —dijo Archibald—. Seguro que ganas la próxima. Y yo prefiero que sigamos siendo amigos, antes que ganar cualquier carrera bajo el sol.

Y, desde ese día, se convirtieron en los mejores amigos, y la liebre Noel nunca más volvió a alardear.

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