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La Tortuga y la Liebre    
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La Tortuga y la Liebre

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La Tortuga y la Liebre

 

 

Tortoise and Hare Racing

 

 

 

 

 

 

 

 

*

Había una vez, en un campo no muy lejano, una liebre energética y feliz y una tortuga dormilona.

La feliz liebre se llamaba Noel y la tortuga dormilona se llamaba Archibald.  A la tortuga Archibald le gustaba sentarse y masticar su cena lentamente, mientras que la liebre Noel engullía su cena y corría alrededor de Archibald hasta marearse. 

Un día tuvieron una discusión…

“Soy el animal más rápido del mundo entero,” dijo Noel. “Soy más rápido que un descarado guepardo, que las patadas de un canguro y que un conejo de carreras,” presumió.

“Oh cállate,” suspiró Archibald. “Eres muy creído. Si no tienes cuidado acabarás mal…”

“Donde está ese final,” preguntó Noel. “¿Está lejos de aquí?”

Archibald puso los ojos en blanco y siguió masticando sabrosas hojas de lechuga.

“Oh vosotros dos dejad de discutir,” dijo un mirlo mientras pasaba volando.

“No, esto es serio,” dijo la liebre Noel. “Os demostraré a todos que soy el animal más rápido del mundo entero.”

“Vale,” dijo la tortuga Archibald. “Te echo una carrera entonces.”

Noel la liebre se rio a carcajadas. 

“Espera y lo ves,” dijo Archibald. “Pediré a Wallace el viejo sabio búho que organice la carrera para nosotros…”

Wallace el viejo sabio búho organizó la carrera para el día siguiente. Todos los animales del campo se pusieron sus mejores ropas, se cepillaron sus pelajes, recogieron una bandera para olearla y  se prepararon para animar a la tortuga y la liebre. 

“En vuestras posiciones… Listos… Ya,” dijo Wallace, y la carrera empezó.

Poco a poco, lentamente la tortuga Archibald se puso en marcha y rápidamente la liebre Noel corrió y pronto se le perdió de vista. De hecho estaba tan lejos que, cuando miró hacia atrás, no se podía ver a la tortuga Archibald.

"Dios," pensó Noel. Ya casi he ganado. Creo que voy a echarme una pequeña siesta bajo este árbol, que es un día caluroso.” La liebre Noel pronto se durmió.

Mientras tanto, la tortuga Archibald deambulaba lentamente disfrutando del sol en su caparazón y dando mordiscos a la hierba de vez en cuando. Una y otra vez y otra y otra y otra y otra vez continuando con su camino. Siguió el camino y pasó el roble, pasó el puente, pasó por los establos, incluso pasó a la liebre Noel que seguía roncando bajo el árbol. Siguió caminando hasta que llegó a la línea de meta donde Wallace el viejo búho sabio y todos los demás animales estaban reunidos. 

Todos los animales agrupados alrededor de Archibald estaban animándole y gritando,

“Bien hecho, bien hecho. Eres el ganador.”

El ruido despertó a la liebre Noel de un sobresalto.

“Oh dios. Oh dios. ¿Qué está pasando? ¿Qué es ese ruido? No importa. Mejor terminaré la carrera así luego puedo cenar,” pensó.

La liebre Noel corrió colina abajo hacia la meta. Pero cuando llegó allí, para su horror, vio a la tortuga Archibald con una ganadora medalla de oro alrededor de su cuello.

“Esto no puede ser verdad. Debe haber hecho trampa,” lloró la liebre Noel. “Todo el mundo sabe que soy más rápido que él.”

“La tortuga Archibald no hizo trampa," dijo Wallace el viejo sabio búho. "Ha ganado limpiamente. Poco a poco y sin duda, sin rendirse, Archibald pasó la línea de meta primero. Lo siento amigo Noel, pero has perdido esta carrera. Que te sirva de lección – un paso lento y constante hace que ganes la carrera.”

La liebre Noel parecía triste y malhumorada. La tortuga Archibald se compadeció de él e intentó animarle…

“Anímate Noel, era solo una carrera,” dijo Archibald. “Estoy seguro que ganarás la siguiente. Y prefiero que sigamos siendo amigos que ganar cada carrera bajo el sol.”

A partir de ese día se convirtieron en mejores amigos y la liebre Noel nunca volvió a presumir.

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